28 DE FEBRERO
El 28 de febrero, durante mucho tiempo, fue una fecha tan importante para mí como la noche de Reyes. Desde que empezaba el mes, contaba los días. La espera se me hacía eterna y, todo, porque ése día aparecían las revistas falleras.
“El Coet” era la que más me gustaba, supongo porque colaboraban los dibujantes de Pumby, Jaimito, etc. Mi primer Coet me lo compró mi vecina Conchín, a los 7 años, el año 1966. La portada era la fotografía de una escena de la falla de la Plaza del Pilar, compuesta por unos toreros, realizados por el artista Juan Huerta. Años después, descubrí que las portadas de esta revista no siempre fueron fotos, si no que, casi siempre, a lo largo de la historia de esta publicación, fueron ilustraciones de su director José Soriano Izquierdo que se convertiría en una de mis más admiradas referencias. Una de las secciones que más me gustaba, y que aparecía en las últimas páginas, era la titulada las
FALLAS QUE NO SE PLANTAN. No entendía el por qué eran “implantables”, a mí me parecían super bonitas y estaban realizadas por mis dibujantes de tebeos favoritos: Sanchís, Palop, Karpa, etc. Desde que llegaba a mis manos (a esta revista, yo la llamaba el fallero) su lectura se convertía en una autentica obsesión, llegaba a memorizarlo por completo y aprendí, desde bien pequeño, a moverme por Valencia gracias a los nombres de la comisiones falleras, siempre coincidían con los nombres de las calles, tanto es así que, aún hoy en día, si oigo el nombre de una calle donde se planta una falla, inmediatamente, continuo con el resto que componen el nombre de la comisión. Aún conservo mi primer Coet, totalmente machacado, sin portada, las hojas interiores ya sin grapar pero, para mí, sigue siendo una joya. El año pasado tuve la suerte de comprar a un aficionado parte de la colección de esta revista y recuperar este número en mucho mejor estado, aunque el mío sigue siendo especial, lleva parte de mi infancia en sus páginas, con ellas pasé horas y horas de entretenimiento, modelando en plastilina las fallas que más me gustaban.
En concreto, recuerdo la falla del Portal de Valldigna cuyo lema era La Clau, la realizaba el artista JM de La Barrera del que, años más tarde, me convertí en auténtico fan y tuve la suerte de conocerlo no hace mucho. Es una pena que El Coet ya no exista pero, para mí, sigue siendo la referencia. Me gusta releerla y, últimamente, como cuando era niño, se ha convertido en mi revista de cabecera.
Con el tiempo me enteré que había más publicaciones como “El turista fallero” que acababa también comprando porque su sección de LAS FALLAS EN LOS TALLERES me gustaba mucho.
“El pensat i Fet” me resultaba menos atractiva porque era en blanco y negro, los primeros números también pasaron por mis manos gracias a un vecino que la compraba y sólo seguí sus últimos años, notaba que no pasaba por su mejor momento.
Desde que me dedico a la realización de fallas, febrero ha pasado a tener otro sentido, se ha convertido en un mes de mucha actividad y estrés que, con el tiempo, me gustaría ser capaz de controlar, para que todo fuera como más relajado y natural. A pesar de todo, he cumplido dos de mis sueños infantiles: hacer fallas y colaborar en una revista fallera, en El turista fallero.